La imagen captura la esencia del dilema entre lo 'fasto' y lo 'nefasto' en la toma de decisiones empresariales. En el centro, un líder empresarial, un hombre de mediana edad de ascendencia surasiática vestido con traje de negocios, se encuentra en una encrucijada. A su izquierda y derecha, dos caminos se extienden: uno marcado como 'Fasti' (favorable) y el otro como 'Nefasti' (desfavorable), simbolizando las decisiones críticas que enfrentan los líderes en el mundo empresarial moderno. El fondo fusiona la arquitectura romana antigua con un paisaje urbano contemporáneo, representando la intersección de la sabiduría histórica y las realidades modernas. Alrededor del líder empresarial flotan símbolos romanos antiguos y gráficos de datos digitales, ilustrando la combinación de análisis históricos y analíticos en la toma de decisiones. La atmósfera es reflexiva y ligeramente misteriosa, reflejando la seriedad y el peso de las decisiones en un mundo empresarial volátil. La imagen encapsula visualmente el concepto central del artículo: en un mundo de constante cambio, reconocer los momentos 'fastos' para actuar es tan crucial como saber cuándo es prudente esperar.

¿Fasto o nefasto?

Así organizaban los romanos su calendario. En la antigua Roma, los sacerdotes señalaban los días del calendario como ‘fastos’ o ‘nefastos’ y se publicaban en el Foro para conocimiento de los ciudadanos. Los primeros eran propicios para las decisiones importantes y los eventos públicos -incluso casarse-, mientras que los últimos eran considerados inadecuados para tales actividades y se consagraban a celebraciones religiosas.

Los directivos de hoy en día lo tienen un poco más difícil que los antiguos romanos en un mundo empresarial donde la volatilidad, la incertidumbre, la complejidad y la ambigüedad son la norma.

¿Cómo pueden los líderes empresariales navegar este eterno dilema entre el fasto y el nefasto?

Un enfoque clave es el análisis continuo y la vigilancia del entorno, manteniendo un ojo crítico en las tendencias emergentes y las innovaciones tecnológicas. La agilidad y flexibilidad organizacional son esenciales; cultivar una cultura que abrace la adaptabilidad y la respuesta rápida a los cambios inesperados también es vital.

Además, la toma de decisiones debe fundamentarse en un análisis riguroso de datos (mejor en tiempo real), complementado con la gestión efectiva del cambio, una comunicación clara y constante, y una inversión en formación. Finalmente, la resiliencia y la preparación para crisis son indispensables.

Hace 2000 años, tomar decisiones en un día nefasto podría acarrear funestas consecuencias a aquel que osara no rendir culto a los dioses, la historia empresarial reciente está repleta de errores asociados a la adopción inoportuna de decisiones. Compañías que alguna vez fueron líderes en su industria han caído en desgracia por no reconocer el momento adecuado para cambiar de estrategia. Desde el ejemplo clásico de empresa establecida como Kodak (que habiendo inventado las primeras cámaras digitales no fue capaz de ver su potencial) al caso más reciente de Convoy, destacado en múltiples ocasiones en Disruptor50. Convoy era un broker digital de transporte de mercancías con sede en Seattle, que se fundó para reinventar el negocio fragmentado y de baja tecnología de la intermediación de fletes, en el que camioneros y clientes se conectaban por teléfono y fax. Cerró abruptamente en octubre 2023 tan solo ocho meses después de recaudar $260 millones de inversores y estar valorada en $3.800 millones, básicamente por no adaptarse a las dinámicas cambiantes del mercado de transporte digital.

No se trata solo de tomar decisiones, sino de saber cuándo y cómo tomarlas.

En un mundo donde el cambio es la única constante, reconocer los momentos propicios para actuar es tan importante como saber cuándo es prudente esperar.

A diferencia de los romanos cuyos días nefastos estaban ya prefijados, en el comienzo de 2024 los gestores deben ser conscientes de la importancia de la elección del momento fasto para la toma de decisiones estratégicas ya que al final, la diferencia entre un día fasto y uno nefasto podría, no solo determinar el éxito de una empresa, sino también su supervivencia en el tiempo. ¡Ah! Y procrastinar esperando el día adecuado es la peor de las decisiones.

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Publicado por primera vez en La Voz de Galicia el 19 de Enero de 2024.

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