Ceses, dimisiones y el efecto pigmalión

Los que tenemos niños pequeños pero abuelos comprometidos tenemos la suerte de poder conservar algunas buenas costumbres, como la de ir al cine. La película The blind side (Un sueño posible) basada en hechos reales, es una muestra de lo que se puede conseguir cuando alguien cree en ti. Cuenta la historia de superación de un  adolescente afroamericano cuyo destino más probable sería morir en las calles y que, gracias al apoyo y empuje de una familia que le acoge, sale del abismo y supera importantes desafíos, explotando todo su potencial, para acabar siendo una estrella del  fútbol americano.

Mientras nos debatimos a la cola de Europa entre las alternativas de la recesión en forma de “W” o “L”, o sea, la permanencia en la misma sin mejora a corto plazo, surge una pregunta básica hoy en día ¿puede una empresa permitirse el lujo de carecer de líderes que motiven a sus equipos?

Obviamente la respuesta es no. El factor humano es una variable crítica explicativa del éxito y la supervivencia y, por ello, de su preparación, motivación y compromiso dependerán los resultados de la empresa. Por tanto, si hay un rol clave al que un líder no puede renunciar en momentos como los actuales es a usar el efecto “pigmalión” como palanca de superación.

El efecto pigmalión, más conocido por la película “My fair lady”, se basa en el hecho de que una persona consigue lo que se había propuesto a causa de la creencia de que puede conseguirlo. En términos empresariales, es posible mejorar sustancialmente el desempeño de los profesionales en función de la creencia o imagen que su jefe tenga de ellos.

Acaba de arrancar en septiembre el curso escolar de las empresas y es en estas fechas cuando se sientan las bases de los objetivos de 2011. Se revisa la estrategia y se plantean las líneas de actuación. Ya no es el momento de excusas como: el entorno es duro, el equipo no es el adecuado, los tiempos son difíciles. El conformismo y el cansancio de los líderes también tiene un efecto pigmalión, pero en este caso negativo, por su incapacidad para hacer que las personas que trabajan con ellos vayan más allá de sus zonas de confort en un mundo en el que el escenario está en plena evolución, tal como, por ejemplo, muestra en el ámbito bancario la efervescencia normativa en capital y liquidez, la legislación Dodd Frank sobre Trading o los previsibles cambios en banca retail y de inversión en Reino Unido.

Esta última es la clave que mejor permite explicar la coincidencia temporal de ceses y dimisiones que se están produciendo en tan sólo dos semanas en las cúpulas de los principales bancos europeos y de las que ya han tomado nota publicaciones especializadas. Me refiero a los cambios del Presidente de HSBC y los Consejeros delegados de HSBC, Lloyds y Unicredito. Todos ellos han tenido lugar en este principio de curso y es más que probable que a éstas sigan otras.

En el caso concreto del ecosistema financiero español, es evidente que está en plena reestructuración y empiezan a dibujarse tímidamente algunas pautas que sugieren dos tipos de entidades financieras: las que van a poder prestar y las que no, las que acceden a los mercados internacionales y las que no, las que buscan permanentemente la eficiencia y las que ya se conforman con lo que han logrado, las que se van a volcar en los clientes y las que su foco estará en otra parte. Un mundo financiero bipolar pero con biodiversidad. Es el momento de la ambición combinada con el liderazgo. Ambición en los números y liderazgo en la gestión. Dos años después de la quiebra de Lehman no hay tiempo que perder, como dice Gary Hamel: “Hay dos tipos de empresas: las rápidas y las muertas”. ¡Apliquémonos!

Publicado por primera vez en Expansión el 5 de octubre de 2010

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