En Atapuerca ya lo sabían

El liderazgo no es un concepto moderno, no nació cuando se inventó la palabra “Gurú”. Nuestros antepasados ya lo tenían claro y lo aplicaban con exquisita eficacia. Permitidme que me explique.

La exposición “Atapuerca y la evolución humana”, en A Coruña, hace un rápido recorrido por la genealogía africana para introducir la llegada del hombre a Europa, finalizando la exposición con la aparición de los Neandertales y los Cro-Magnon. Más allá del indudable impacto científico, que arroja luz sobre los puntos más oscuros de la evolución humana, me gustaría destacar algunas implicaciones, de esta remota historia, sobre la importancia de la organización y el liderazgo en el éxito de las empresas humanas.

Los  Neandertales eran, a pesar de su leyenda negra, inteligentes, tenían sofisticadas técnicas de talla, conocían el fuego y enterraban a sus muertos. A pesar de su mayor fortaleza y su mejor adaptación al medio, sucumbieron ante los Cro-Magnon (homo sapiens), nuestros antepasados, los cuales fueron capaces de mejorar sus capacidades de innovación, creatividad y su comunicación en el entorno más duro de la historia de la humanidad. Con una Europa cubierta por el hielo, los Cro-Magnon desarrollaron, frente al individualismo neandertal, una cultura grupal con un jefe (el líder) cuyo éxito se medía por la supervivencia del grupo.

Aunque probablemente nunca podremos tener la certeza de las claves del destino de los Neandertales, sí que podemos estar seguros de que el liderazgo es un elemento crucial para sobrevivir con éxito en entornos hostiles. La suerte de una organización de cualquier tipo, como una empresa,  depende en muchas ocasiones, de la calidad del liderazgo que en ella existe. Las épocas de crisis no son momentos para ser simples gestores. Pero ¿qué clase de liderazgo se necesita en estos momentos?

Se necesitan personas con visión global, que sean capaces de combinar la resolución inmediata de los problemas a corto con el pensamiento a largo plazo. El líder tiene que marcar la dirección, aunque no tenga un camino perfectamente dibujado y debe hacer caminar a su equipo hacia su destino, con determinación y coraje. Además, necesita seguridad en si mismo, puesto que las decisiones no serán fáciles, probablemente cuestionadas y romperán con los esquemas que en el pasado garantizaron el éxito o el status quo.

En tiempos de incertidumbre es imprescindible desarrollar una rápida capacidad de aprendizaje y toma de decisiones. Esta crisis ha destruido paradigmas y cambiado las reglas de juego, pero los nuevos esquemas todavía no están asentados y no existe visibilidad o claridad. El cambio siempre da miedo, pero las cosas no volverán a ser lo que un día fueron, dispongámonos pues a abrazar el cambio. Nuestro país fue capaz de descubrir un nuevo continente sin mapas, los conquistadores asumieron riesgos y ganaron. La misión de un líder en tiempos turbulentos es reinventarse y ahora, más que nunca, no se puede ser reactivo.Es el momento de actuar, de enfrentarse a lo inesperado, desafiando al pensamiento establecido. Pero el líder no puede ser el “llanero solitario”, necesita grandes dosis de inteligencia emocional, puesto que tiene que convertirse en un gran movilizador de personas y mantener un equipo cohesionado y con diferentes backgrounds, abierto a nuevas ideas.

Conviene no confundir a este líder con el narcisista, ya que, aunque presentan coincidencias, como su visión global, su habilidad para articular metas o su capacidad de atracción, estos últimos no son capaces de tener empatía con sus equipos o simplemente terminan por ser tóxicos para las organizaciones. ¿Cómo  distinguirlos? Fácil, por sus equipos los reconoceréis, los narcisistas siempre se rodean de profesionales más aduladores que competentes. Un buen líder es un organizador y no la “estrella” principal, puede tener a su alrededor gente que, como técnicos, son mejores que él/ella.

Franklin D. Roosevelt, único presidente de EEUU elegido cuatro veces y que asumió su primera presidencia en la profundidad del colapso económico del 29, tuvo un reto similar al actual para restaurar la prosperidad. FDR decía que los hechos son sólo una parte de la realidad, la otra parte es la forma en la que te enfrentas a ellos y los cambias. Esta recesión no sólo hay que superarla sino que debemos ganar posición competitiva y para ello es fundamental la elección que los altos directivos y su rol: líder o gestor tendrá un impacto enorme en el camino de cada compañía hacia el éxito, el fracaso o simplemente la mediocridad.

Publicado por primera vez en El País el 4 de junio de 2010

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