La banca sigue en plenas Olimpiadas

Decimos adiós a los juegos olímpicos Pekín 2008 pero las  olimpiadas bancarias siguen aquí y empiezan el curso con fuerza. Dentro de la disciplina olímpica del atletismo muchas son las categorías en las que se puede competir, desde los 100 metros lisos hasta la maratón, prueba atlética de resistencia en la que se corren 42 kilómetros. EL maratón no formaba parte de los Juegos Olímpicos de la antigua Grecia sino que fue introducida en el programa olímpico a finales del siglo XIX, es decir, de alguna manera es “moderno”, como nuevo es el actual entorno competitivo bancario.

Nunca antes en la historia se habían dado simultáneamente tres crisis diferentes: la crisis de materias primas (especialmente energía), la inmobiliaria y la crisis financiera internacional. Cada una de ellas sería perfectamente gestionable de forma individual, sin embargo, la virulencia de su actuación conjunta hace prever que sus efectos se sientan durante un largo período de tiempo y, como mínimo, en los próximos dos años.

Todo ello lleva a concluir que, en la actualidad, las entidades financieras hemos empezado a correr nuestra propia maratón. A la hora de diseñar la estrategia para correr es determinante tener claro en qué prueba se está compitiendo, puesto que si corremos un maratón y actuamos como sprinters, seremos incapaces de llegar a la meta. Esta necesaria pericia de ideas y preparación se replica en nuestro entorno financiero, una particular carrera que se sostiene en tres claves de largo recorrido con paralelismos muy descriptivos en la conocida prueba olímpica de los 42 kilómetros. ¿Cuáles son esas fundamentales claves para correr con éxito una maratón?.

En primer lugar un buen tono muscular, ésta es la clave que nos permitirá correr largas distancias y disminuir los riesgos de lesiones. En términos bancarios, el buen tono muscular lo da una sólida posición de solvencia. En el último año ha sido muy frecuente asistir a ampliaciones de capital por un total de 140.000 millones de dólares a ambos lados del atlántico y, sin duda, esta es una tendencia al alza.

En segundo lugar, durante la carrera hay que beber líquidos de forma constante para reponer los que se pierden. En sintonía con la directa analogía semántica, una sólida posición de liquidez permite afrontar la maratón con una perspectiva de largo plazo que supera la inmediatez de tener que acceder a los mercados en busca de financiación.

Hay un tercer elemento clave en una carrera de resistencia: la generación de energía. El cuerpo la produce rápidamente a través de la combustión del glucógeno, sin embargo la máxima cantidad de glucógeno que un corredor puede almacenar antes de una carrera cubre aproximadamente 30 kilómetros frente a los 42 que tiene la maratón. Es por ello que los entrenadores recomiendan como estrategia clave para evitar lo que los corredores suelen llamar «romper el muro» («hitting the wall»)- fatiga intensa que hace que correr sea extremadamente difícil-, la optimización del consumo de glucógeno.

Extrapolando esto al entorno bancario, cabe decir que la gestión del hoy, más que nunca, tiene que tener en cuenta el largo plazo, las estrategias actuales de gestión inmediata de, por ejemplo, el deterioro de la calidad del activo tienen que tener un horizonte de largo plazo y no comprometer la generación de ingresos futura. También es relevante la flexibilidad del balance necesaria tanto para adaptarse a un nuevo entorno de tipos de interés elevados y financiación escasa y cara como para reposicionar el propio balance hacia partidas con mayores márgenes. Y como en la fábula de la cigarra y la hormiga, las plusvalías siempre serán una alegría en tiempos de economía de guerra.

Finalmente, correr es un ejercicio físico pero también requiere de un importante esfuerzo mental. El atleta tiene la vista fija en la meta,  debe recorrer la distancia en el menor tiempo posible con un esfuerzo muscular prolongado y relativamente generalizado, que  demanda una gran capacidad de resistencia psíquica para contrarrestar el proceso de la fatiga, monotonía y saciedad. Además, requiere una motivación intensa para vencer dificultades, cualidades que también deberíamos extrapolar a los equipos de las entidades financieras con talento y actitudes que lleven a la perfección al lema olímpico «Citius, Altius, Fortius» (Más rápido, Más Alto, Más fuerte).

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Publicado por primera vez en Cinco Días el 8 de septiembre de 2008

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