La pandemia ha subrayado la relevancia de los riesgos no financieros, con el ciberriesgo a la cabeza, dada la proliferación del teletrabajo y el aumento de ciberataques, llegando a 40.000 diarios en España. Algunos puntos clave son:
El ciberriesgo es responsabilidad del consejo de administración, no solo del departamento de tecnología. Este órgano debe definir el nivel de riesgo aceptable, evaluar la situación actual de la organización en ciberseguridad y establecer indicadores de seguimiento. Es esencial formar y concienciar a los empleados, siendo ellos la principal vulnerabilidad frente a ciberataques. El consejero independiente juega un papel crucial, debiendo estar constantemente alerta y actualizado sobre el mapa de riesgos de la empresa, aportando una perspectiva externa y objetiva.
Las pymes, por estar generalmente menos protegidas, son un blanco preferido para los ciberdelincuentes. Es vital que estas empresas adopten medidas de seguridad informática y consideren la posibilidad de contratar ciberseguros.
Las empresas deben ser conscientes del ciberriesgo en su cadena de suministro, evaluando los riesgos asociados a proveedores y subcontratistas. Es esencial tener planes de recuperación post-ataque y asegurarse de que son efectivos.
En 2022, se prevé un aumento en ataques e inversión en ciberseguridad. Todas las empresas están en riesgo, y la preparación es crucial para garantizar su supervivencia. La participación activa y la vigilancia de los consejeros independientes son fundamentales para afrontar estos desafíos.
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