La banca española y la Grecia de Pericles

En el cenit de la Grecia clásica, cuando Atenas alcanzó un esplendor que nunca jamás volvió a tener, Pericles, brillante político y estratega, se deshizo de su principal rival condenándolo al ostracismo. Esta figura consistía en una condena que era, en realidad, preventiva, ya que no castigaba una falta real; así, en la democracia ateniense, sin más razón que la voluntad de un grupo de ciudadanos, emitiendo un voto  en los óstraca-tablillas de arcilla donde se escribe un nombre-, se imponía el castigo del exilio por 10 años del ateniense que más votos sumase. A veces se imponía a los hombres más ilustres sólo por el temor al poder e influencia que podían alcanzar por su bien ganado prestigio.

Desde que se iniciaron las turbulencias financieras en los mercados, algunos medios de comunicación anglosajones actúan como si quisieran aplicar a  las instituciones financieras españolas esa curiosa estrategia neutralizadora surgida hace 26 siglos en el ágora de Atenas. En efecto, el sistema bancario español, que no ha sido directamente contaminado con activos tóxicos vinculados a las hipotecas subprime, ni tiene exposición alguna a monolines, SIVs, conduits y otros orígenes de elevado riesgo, ha sido tratado por ellos con frecuencia con más prevención incluso que la que dedican a los grandes bancos de inversión, que han sufrido y van a seguir padeciendo importantísimas perdidas. ¿Estamos recuperando la ley del ostracismo intentando marginar en mercados a quienes están en posesión de los mejores títulos para brillar?.

Hace poco intenté poner las cosas en su sitio, utilizando una viñeta genial de El Economista, durante mi intervención en el Morgan Stanley European Banks&Financials  Conference -Londres, 3 días, 1.200 inversores, casi 6.000 reuniones-. En dicha viñeta se pueden ver los diferentes bancos de inversión americanos y europeos formando parte de una procesión de nazarenos que hacen penitencia por los pecados cometidos. Y en realidad, es que hasta la fecha, eso es lo único que hemos podido ver.

Cuando se tiene la oportunidad de hablar con inversores extranjeros de forma habitual se da cuenta de que, junto a sus inteligentes percepciones de nuestra realidad, también  tienen algunos errores de apreciación. Por ejemplo, una de sus grandes preocupaciones es lo que para ellos parece ser el eje del mal formado por USA, Irlanda y España, de los que se suele afirmar seguirán una evolución pareja. La asimilación de estos mercados se basa en el aumento de precios habido en el mercado de la vivienda de estos tres países, sin tener en cuenta la realidad y los fundamentales que han sustentado estos crecimientos, y además obviando algunas  diferencias de gran alcance.

En el día antes, cuando nace la hipoteca, el esquema de originar para titulizar utilizado en USA origen de la pésima calidad de las hipotecas norteamericanas, no se ha seguido en España, donde originador y administrador coinciden casi al 100%, garantizando una gran profesionalidad en la gestión del riesgo hipotecario. Mientras que en USA se concedían hipotecas para venderlas, en España se concedían y conceden hipotecas para captar clientes.

Y en el día después, en Estados Unidos la vivienda es la única garantía de la hipoteca, en España existe responsabilidad patrimonial universal. Además hay dos importantes consecuencias prácticas. La primera es que la posibilidad de convertirse en dudoso hipotecario es menor en España, puesto que un norteamericano,  si ve que el valor de su vivienda cae por debajo del de su hipoteca, puede simplemente ir a su banco, entregar las llaves de la vivienda y hasta ahí llega su responsabilidad. Por el contrario para un cliente español rige el  artículo 1.111 del Código civil, según el cual “del cumplimiento de las obligaciones responde el deudor con todos sus bienes, presentes y futuros”. Esto, en esencia, supone que la posibilidad de insolvencias de clientes o de que una entidad reciba jingle mail- expresión acuñada para expresar el ruido que hacen las llaves en un sobre de correo cuando se envían a una entidad porque ya no se quiere pagar la hipoteca, sin más explicación o negociación- es menor, y sobre todo, que en un período de tiempo más amplio, la severidad de esta morosidad es, sin duda, mucho menor en España.

Es indudable que el elevado nivel de incertidumbre, junto a las abultadas pérdidas que se han dado en los mercados, no han ayudado hasta ahora a mejorar las percepciones. Pero sí es cierto que el sentimiento poco a poco irá cambiando, parece que estamos superando el momento en el que la única estrategia válida era “estar corto de los valores españoles”. El tiempo suele ayudar y además, no olvidemos que el ostracismo que practicaban los antiguos griegos no imponía estigmas permanentes a las víctimas y así, una persona condenada al ostracismo podía ser perdonada y volver del destierro antes del plazo establecido. Esto ocurrió, por ejemplo, cuando la amenaza de los ataques del rey Persa Jerjes puso en peligro  a Atenas y ésta repatrió a los ciudadanos más ilustres y capaces que estaban en el exilio. Es difícil pensar que la reconstrucción del paisaje financiero internacional se pueda hacer sin el concurso de las entidades financieras españolas y su supervisor, como modelos de buena regulación, supervisión.

Publicado por primera vez en El Economista el 15 de abril de 2008

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