Cubos con el año 2026 sobre un ordenador, imagen simbólica sobre análisis y reflexión del futuro.

2026 no promete épica, promete trabajo

En 46 a. C., el calendario romano estaba completamente desajustado. Julio César dio con una solución decretando que ese año durase 445 días. A los romanos se les hizo muy largo, pero funcionó.

En 2026 ocurre algo parecido. No hemos añadido días al calendario, pero sí se nos acumulan capas de complejidad, con la sensación de que la realidad va siempre un paso por delante.

Un nuevo tramo de una década que no da tregua con unas previsiones que mezclan luces y sombras

Por un lado, la economía española mantiene un perfil resistente, creciendo por encima de la media de la eurozona aunque sin mejora perceptible del bienestar, con la brecha entre estadísticas y realidad de las personas ampliándose. 

Por otro, la economía mundial avanza en su fragmentación en dos bloques: Estados Unidos que manteniene su estilo transaccional agresivo y presión selectiva sobre aliados y China que aprovecha ese espacio para consolidarse en el Sur Global  con países atrapados en el medio. 

Mientras tanto en Europa no se acaba de ver un revulsivo, con un crecimiento moderado, inflación cerca del objetivo pero vulnerable y unas finanzas públicas muy exigidas; pero lo peor es que, seguimos aplazando reformas necesarias mientras dudamos cómo actuar frente a una Rusia hostil.

A todo esto, se suma una tecnología que no pide permiso. La inversión en inteligencia artificial continúa a un ritmo histórico, pero según el MIT el 95 % de los pilotos no ha generado retorno. 2026 será el año de la verdad para la IA: toca acelerar su adopción real en la operativa de las empresas.

A todo esto, se suma una tecnología que no pide permiso. En muchas de las conversaciones que mantengo con directivos, aparece una paradoja inquietante: nunca hubo tantas oportunidades y, sin embargo, tanta sensación de vulnerabilidad La inversión en inteligencia artificial continúa a un ritmo histórico, pero la mayoría de las empresas sigue atrapada entre el piloto y la escala, sin convertir aún esa ambición en valor operativo (solo el 18 % ha finalizado casos de uso y apenas el 32 % mide impacto real)

Con este telón de fondo, a los buenos propósitos habrá que añadir foco y una estrategia que actúe como brújula. Anticiparse no es adivinar, es prepararse para decidir rápido en un contexto de escenarios múltiples donde la capacidad de adaptación tendrá que convertirse casi en un acto reflejo. Analizar rápido, decidir mejor y ejecutar sin miedo pesará más que acertar siempre. 2026 no será un año terminal ni explosivo, sino que convivirán buenas noticias con riesgos acumulados., así la resiliencia no será la de aguantar, sino la de moverse: decidir rápido porque se ha preparado antes, y mantener el foco incluso en el caos.

Volviendo a Julio César, su año interminable fue una apuesta para recuperar el orden del tiempo. Quizá ahí esté la clave: no controlar lo que ocurre, sino prepararnos. 2026 será exigente y acelerado, sí, pero también fértil para quienes sepan leer el ritmo y marcarlo. No premiará a quienes eviten el riesgo, sino a quienes lo entiendan antes que nadie.

Artículo de Susana Quintás titulado “2026 promete trabajo, no épica” publicado en la sección Opinión de La Voz de Galicia.
El artículo “2026 promete trabajo, no épica”, de Susana Quintás, publicado en la sección Opinión de La Voz de Galicia.
Artículo de Susana Quintás destacado en la portada digital de La Voz de Galicia con el título “2026 promete trabajo, no épica”.

Publicado por primera vez en La Voz de Galicia el 31 de Diciembre de 2025.

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Susana Quintás | Consejera independiente en Madrid
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